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sábado, 9 de julio de 2011

Exploración

“¿Qué vistes?” fue la pregunta mientras se estaba poniendo ya más pequeño. Estaba húmedo, cruzado sobre la pierna izquierda. Parecía una ballena enana recién encallada, parecía que se había abandonado a sí mismo y disfrutaba de un sueño ebrio. La amazona se había levantado ya, se había envuelto en una toalla y abría la puerta. Le había bastado con unos cuantos movimientos de cadera para acabar con los bríos del miembro, solo había tenido que dejar a la vista el crudo y excitante espectáculo de sus nalgas carnosas para vencer ese alargamiento pasajero que tanto nos envalentona a los hombres. Ella sabía su oficio. “¿Que?”´preguntó ella riéndose... y repitió la pregunta “¿Que vistes? Jajaja” y salió a darse una ducha.

jueves, 14 de octubre de 2010

La llevaré al dormitorio y le daré el obsequio que tanto he estado guardando: le regalaré mi erección.

lunes, 9 de marzo de 2009

¿Está teniendo un orgasmo o está maullando una canción dulce y salvaje?

jueves, 14 de agosto de 2008

Con la toalla húmeda alrededor de la cintura y acostado en la cama, espero que salga del baño. Estoy
tan duro y tan largo que me siento a la altura de la situación.

domingo, 11 de mayo de 2008

Sexoservidor

"La Vanessa dice que es grande. Pero yo la mira normal". K simplifica una pregunta que al fin me he animado a hacerle, con temor de ser mal interpretado. K se ha puesto algo lejana y un poco fría. No me mira y hace como que se entretiene con lo que ocurre a nuestro alrededor.
A mi me suena a despecho, a querer mantener esa ventajosa situación de poder sobre mi. Por otra parte esta opinión, viniendo de ella, significa algo. Medio ebrios y casi a medianoche caminábamos una vez cerca del portón de emergencias del hospital viejo. Porque yo se lo había pedido ella me contaba sus lances y altibajos de su época como estríper. Mencionó a O, piloto de aerolínea, antiguo aficionado a K en los tableclubs. En eso estaba cuando, de la nada pero inevitablemente, puso las dos manos abiertas y separadas a la misma altura y reafirmó esta posición como si estuviera mirando algo y con un gesto categórico y enérgico, dijo :"Asi era la del hijueputa...". Entonces yo estuve distante y gélido, por fuera. Por dentro me abrumaba ese espacio entre las palmas de sus manos que duró un par de segundos, a mi me parecieron interminables y también censurables. Ese espacio exageradamente apreciado por K y terriblemente posible para la Naturaleza.
Aunque la cuestión de las proporciones nunca se me halla planteado como de caracter esencial, si está en un segundo plano que a no se halagueño me haría encogerme de hombros por una razón que yo considero absolutamente valedera: a mi me gustan las chicas flacas(sumamente). Esto es casi un fetichismo, pero un gusto, como asunto subjetivo, es siempre válido.
Ahora bien, me pasa a mi que, en esas carnales esferas, tengo tendencias al servilismo y que antes que en mi pienso en mi pareja. Pienso que soy como una especie de excusa para producir el placer de ella y esto lo digo con sinceridad, tanto asi que agrego que es mi satisfacción.
De ahi que tamaño, intesidad y apetito sexual lejos de ser cosas que recuerde cuando me veo en el espejo son cosas que regalo, ofrendo plenamente en ese círculo de pugilato que es la cama.

lunes, 22 de octubre de 2007

Sexo I

El hecho de que me halla caído shampú en los ojos todavía es causa de que te rias de mi. Te saliste de la ducha en el justo momento en que estaba ciego y ardoroso. Seguramente te pusiste tu vestido marrón corto de tirantes, entraste a la sala secándote el cabello y te acostaste en el sofá sin dejar de ver la televisión.
Salgo del baño, me encaras riendote de mi y recibes un beso. Tienes un rico aroma a piel limpia.
Asi que me arrodillo sobre el sofá, me das la espalda y un peine y me dedico a la requerida tarea de alisar tu cabello. Princesa. Eso te relaja, te va preparando.
Dicen que los flaquitos somos calientes. Será una explicación del comportamiento de nosotros dos.
Es suave tu pelo, todo lo tuyo es suave y dócil asi que descubro tu oreja y tu cuello. Tienes los ojos cerrados, hechas la cabeza atrás y besas el aire.
Te haces una cola que tiras sobre tu frente. A mi niña le gustan los masajes y los besos en los hombros durante los masajes. Ahora se lo que sienten los vampiros.
Te boto un tirante, es pequeño tu busto y cambia el ambiente de la habitación. La transfigura. Es aquí mismo pero diferente, es como si todos los muebles, las paredes, el librero tomaran un desentedimiento cómplice, una ausencia inventada. Es como si se dieran vuelta y nos dejaran hacer.
La primera incursión de mi lengua sobre tu pezón. A modo de las orejas o de las manos, tus pezones son diferentes. Muchas veces los he contemplado hasta el punto de ya no encontrarles parecido a nada(semilla de durazno, chocolate) ni siquiera a ellos mismos. Se vuelve extraños, objetos exóticos como premisas indisputables, principios universales, si los miro demasiado tiempo, cicatrices cósmicas.
Me pasas los dedos debajo del cabello. Me pregunto si besarte asi es una manera de conocerte más y mejor, porque decían los antiguos que el alma, al morir, deja el cuerpo através de la boca. Me pregunto esto o será que simplemente quiero darte lengua.
Esa porción de tu piel que no siempre está expuesta reclama aún más piel, más descubrimiento. Así que deshago el nudo del otro tirante, acaricio tus dos pechos y con la mano perfectamente hacia abajo me deslizo por tu vientre.
Pero te volteas, flaquita, para besarme de frente y dejarte quitar el vestido.

 
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