domingo, 11 de mayo de 2008

Sexoservidor

"La Vanessa dice que es grande. Pero yo la mira normal". K simplifica una pregunta que al fin me he animado a hacerle, con temor de ser mal interpretado. K se ha puesto algo lejana y un poco fría. No me mira y hace como que se entretiene con lo que ocurre a nuestro alrededor.
A mi me suena a despecho, a querer mantener esa ventajosa situación de poder sobre mi. Por otra parte esta opinión, viniendo de ella, significa algo. Medio ebrios y casi a medianoche caminábamos una vez cerca del portón de emergencias del hospital viejo. Porque yo se lo había pedido ella me contaba sus lances y altibajos de su época como estríper. Mencionó a O, piloto de aerolínea, antiguo aficionado a K en los tableclubs. En eso estaba cuando, de la nada pero inevitablemente, puso las dos manos abiertas y separadas a la misma altura y reafirmó esta posición como si estuviera mirando algo y con un gesto categórico y enérgico, dijo :"Asi era la del hijueputa...". Entonces yo estuve distante y gélido, por fuera. Por dentro me abrumaba ese espacio entre las palmas de sus manos que duró un par de segundos, a mi me parecieron interminables y también censurables. Ese espacio exageradamente apreciado por K y terriblemente posible para la Naturaleza.
Aunque la cuestión de las proporciones nunca se me halla planteado como de caracter esencial, si está en un segundo plano que a no se halagueño me haría encogerme de hombros por una razón que yo considero absolutamente valedera: a mi me gustan las chicas flacas(sumamente). Esto es casi un fetichismo, pero un gusto, como asunto subjetivo, es siempre válido.
Ahora bien, me pasa a mi que, en esas carnales esferas, tengo tendencias al servilismo y que antes que en mi pienso en mi pareja. Pienso que soy como una especie de excusa para producir el placer de ella y esto lo digo con sinceridad, tanto asi que agrego que es mi satisfacción.
De ahi que tamaño, intesidad y apetito sexual lejos de ser cosas que recuerde cuando me veo en el espejo son cosas que regalo, ofrendo plenamente en ese círculo de pugilato que es la cama.

viernes, 2 de mayo de 2008

Relámpago

Me persiguen injustamente. Vivo con miedo de las calles y del aire libre. Algo anda mal con La Justicia.

domingo, 27 de abril de 2008

Tres galletas de chocolate y un clip enorme, capaz de adjuntar decenas de carpetas, cuya brutalidad me intimida pero despierta en mi ese lado salvaje que me indica la hora de dejar de ignorar estas garras de animal, negras, de obsidiana, y aullar, y perseguir, y morder. Y permitir que mi cuerpo se expanda, se ponga agreste, desnudo y fuerte a la par que mengua mi estado conciente y crece una especia de cólera alegre y gozosa, la certeza de que soy yo pero tambien soy otro.



El astronauta roquero
el mecánico bohemio
el bufón saltarín

¡Shove it up your ass, baby!!!!

viernes, 25 de abril de 2008

Aburrido

En el bostezo me doy cuenta que tanto lo que de verdad te marca en la vida como lo insignificante y pasajero no son más que cosas que huyen y desaparecen ante la boca que se abre con mucho sueño. Más que todo lo insignificante.

Equivocación

Estaba mirando el guión de Sin City y me di cuenta que cometí un error en un post anterior donde citaba una frase que, según yo, decia un personaje de la película. Yo escribí "No hay lugar en el mundo donde no haya que pelear" y en realidad dice "No hay lugar en el mundo para nuestra clase de fuego". El error fue de subtítulo y mío, claro está, en no verificar.
En todo caso será siempre más poética la verdadera frase. Sin embargo, la que yo ví en el subtítulo, la errónea, me parece más verdadera, más correcta. A todas partes tiene que llevar uno su espada mental y no confiarse.
Me gusta más la frase equivocada.

domingo, 20 de abril de 2008

Aclaración necesaria

No eras tú.
No es ninguna.
Pero a veces lo olvido.
Es el fantasma de alguien que
no nació ni nacerá.
¿Satisfecha?

sábado, 19 de abril de 2008

-En ese entonces ¿que te dedicabas a hacer?
-No se. No te podría decir algo en concreto. Viajaba mucho en bus. Es decir, tomaba los buses urbanos y a veces pagaba hasta tres vueltas. Cuando la coaster llegaba al punto me bajaba, me quedaba de pie sin hacer nada en especial, no puedo decir que esperando. Me subía a cualquier coaster que estuviera por salir, pagaba. Asi por el estilo, asi se me pasaba el día.
-¿Nunca hiciste algo especial, no se, algo notorio que te ayudara a dar asi como un cariz a los tiempos?
-En realidad no. Bueno, una vez me bajé cerca de la fachada de una casa antigua. Me gustaba. Al pasar siempre la examinaba con detenimiento todo lo que me lo permitía la velocidad o prisa que llevara la coaster. Esa vez decidí bajarme y mirarla desde la acera, teniendo un punto de referencia inmóvil, ¿entiendes? : mis pies sin despegarse del suelo. Y en ese instante pasó, no fue nada violento, ni brusco. La canción más triste que he escuchado me sonaba dentro del cráneo y supe que tenía que hacerlo. Comer la casa. ¿Eso querías saber? Si, despegué las cascaritas de pintura polvorientas y las iba masticando como si fueran una especie de ostias que me regalaban en otra especie de misa invisible, poderosa, más mística, más en comunión.
-¿Qué canción era?
-No creo que eso te interese.

 
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