domingo, 12 de junio de 2011

Puedo sentir mis alas, puedo sentir mis putas alas...

viernes, 10 de junio de 2011

Una velada, jolgorio con entremeses y alcohol. Lo normal. Además no nos desvelamos. Cada uno llegó a su casa, calculo, antes de las diez y media. J tiene una abertura de ventilación en el techo de su carro. Lo lleva abierto ahorita precisamente que llovizna. A mi realmente no me importa, siento fresco. Y más que eso pregunto si se puede sacar la cabeza por ahí, a lo cual se me ha dado un respuesta afirmativa y yo refresco la cara en el aire de la noche, en el viento de la velocidad del carro. Voy progresando porque esta vez no grité, como en otras ocasiones. Las curvas son cerradas luego de sobrepasar el puente. Hay una división de cemento en medio de la carretera, sobre esta hay postes para las lámparas amarillas. Las líneas de división punteadas de cada carril. La carretera negra y la llovizna siempre presente. Vamos sobre nuestro carril, deslizándonos hacia donde sea. Lo que sea

Me dijo que a travéz del celular yo le estaba poniendo una serenata.
-¿Ah?¿Como asi?-le pregunté.
-¡Ay, vieras como se oyen los pajaritos!-me respondió.
Eso era.

martes, 7 de junio de 2011

Las mujeres te piden el alma. Eso es mucho pedir.

martes, 31 de mayo de 2011

Estos callejones de esta catedral inacabada. Su dios vendrá a terminarla personalmente con todo el conocimiento de los albañiles antiguos. Será su propio apocalipsis al que nadie asistirá. El martilleo solitario.
Yo estaré ocupado ese día, vegetando en mi casa ¿que otra cosa sino? y además tratando de hacer milagros: haciendo crecer y madurar frutas en mis brazos alzados, o encendiendo y apagando las hornillas de las cocinas de todo el barrio con la mente.

lunes, 23 de mayo de 2011

Si vives tu vida como tú quieres, probablemente mueras como otros quieran verte morir.
¿Pero que importa, verdad?

sábado, 7 de mayo de 2011

Todo el dolor de nosotros.

Todo es un eterno presente

Fue donde el artesano de guitarras a que le reparara la suya pero no se esperaba lo que le dijo: que la reparación era posible pero que le saldría cara, casi tan cara como comprar una guitarra nueva. El artesano le insinuó ir a ver las que tenian disponibles en las tiendas de música, lo cual le resultó inesperado porque lo lógico, suponía, era que le ofreciera hacerle una nueva él mismo. Se imaginó que había una conexión no evidente entre estos negocios y el artesano. Sin embargo una vez que fue a uno de estos negocios le habían dicho que no había producto nacional, sino que solo gringo, español y hasta filipino. Lo que hizo suponer su pobre astucia era que el artesano le proveía de producto a estas casas y que esto era una especie de acuerdo oculto. Incluso el artesano le preguntó si no era él quien había ido por la mañana a la DosMil. A él le hubiera gustado indagar más acerca de esa relación inesperada, pero lo dejó pasar porque le urgía lo de su guitarra. El artesano callaba y examinaba la guitarra. Estaba vieja, polvosa, agrietada, marcada. Yo creo que el viejo artesano la miraba solo para que él se diera cuenta por medio de su expresión que la guitarra estaba inservible, quizá por eso no decía nada, esperando que por milagro él cayera en cuenta de su radical error, e incluso, si era el dueño o encargado del cuido, de su irresponsabilidad o ligereza. “Asi no se trata un instrumento” podriía estar pensado el viejo y “que cretino” además.

 
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