Premisa
They are afraid of us...
They are afraid of us.
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Me dices una mentira o me engañas con apariencias o me mantienes desinformado: ya me tienes.
Lo haces para aprovecharte de mí. Para que te de cualquier cosa que se te ocurra desear.
Y la obtienes. Yo te creo, te creo, te creo. Amén.
Cada quién extiende su matriz propia sobre cada otra persona.
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Yo pensé que mi relación de lector con García Marquez iba para largo. Creí que duraría para toda la vida. Había comenzado a ocurrir: leí los cien años. Leí la hojarasca. Leí los cuentos. Me sentía cómodo y estaba creando en mi mente el universo de este autor. Para mí adentrarse a conocer la obra de un escritor es como quizá librarse de una desnudez en el mundo real, protegerse, crear una armadura contra la vida. ¿Por cuál otra razón leería yo?
Pero, extrañamente, pasó otra cosa: los medio de comunicación(más que todo los escritos) iban invadiendo ese lugar privado entre el Gabo y yo. La noticias, parche a parche, iban completando la noción: los cien años era una de las novelas más vendidas. ¿Habrá sido el marketing capaz de algo que el propio mérito de la obra no hubiera logrado nunca?
Incluso sus afinidades políticas me serían inofensivas (o sea por el simple hecho de que las tiene, no por el hecho de cuales son), y mi fidelidad a sus novelas no sufririan en nada.
Quizá lo que me molesta lo pueda decir haciendo la comparación con un cuento de Herman Hesse: 'Del lobo estepario'
Digamos que la obra del Gabo es el Lobo Estepario que exhiben, prisionero, en un circo. Ahora todos lo ven. Todos pagan. Cualquiera. Incluyendo al Gabo.
Digamos que el circo lo conforman lo medios, las editoriales, las librerías.
Digamos que cierto tipo de lectores de Cien Años de Soledad son como la institutriz(pianista aficionada).
Ahora, lo que yo estoy esperando ver es el momento en el que el lobo arranque y devore la mano de alguien. De cualquiera.
Entonces retomaré mi tarea inconclusa: leeré El Coronel no tiene quién le escriba. Pero solo hasta entonces.
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Cuando estaba desempleado y sentía una gran culpabilidad por ponerme a escribir en lugar de ir a entrevistas o simplemente hojear los clasificados, ví por cable una película que no olvido.
En sí era de lo más trivial, de lo más olvidable aunque era buena. Era policíaca con todas las de la ley y se ambientaba en el mundo de las editoriales y de los escritores.
Sucedió que al escritor debutante lo asesinaron y plagiaron su obra. Su editora, como buena amiga y como mejor investigadora, se da a la tarea de indagar en los hechos guiada por esa sospecha etérea, inasible que guía siempre a los detectives.
Si: resuelve el crimen, encuentra y atrapa culpable, cómplices y móvil. Bien. Así no la hubiera recordado.
Pero la última escena... la última escena: luego de todo el tumulto y ya en calma está la editora en la cocina de su casa leyendo el libro del escritor fallecido. Llega a un párrafo y levanta la vista sin mirar nada y se quita los anteojos. Piensa en lo que quiso decir su amigo y quizá le agrada que lo halla dicho tan bien. El escritor joven, entra por la puerta vidriera, la saluda y con una sonrisa le pregunta:
-¿Que debe escribir un escritor, Sra .... ?
-Cosas importantes- le contesta ella sin dudar.
-Importantes... ¿para quién?
-Para él mismo- contesta ella con la igual resolución.Y su amigo, sonriente, sale por la misma puerta que había entrado y sin mover las campanitas colgadas. Desaparece.
Muchas veces he recordado esto y me figuraba que lo oponía a muchas cosas: tendencias, modas, sermones, clichés. De lo que me doy cuenta ahora es de que quizá deba oponerlo a algo más difícil de vencer, a algo que había estado oculto hasta este momento y que era mi principal estorbo: yo mismo.
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Yo sabia que era muy probable que pasara. No es que me esté quejando, pero ¡que incomodidad! Entonces ¿que pasa? ¿Lo ignoro? ¿me resigno a sufrirlo?
Claro, todo lo anterior lo tengo que hacer, de todos modos el error ya se cometió.
Eso es.
Lo que trato de hacer es disociar ciertas causas de sus respectivas consecuencias. Como se ve es una tarea tonta, sin sentido, casi necia. Terca. Espíritu de contradicción. Rebeldía poética.
Pero visto desde cierto ángulo me siento como una especie de héroe trágico, o por lo menos condenado a un penitencia desproporcional a la falta o ingrata al noble móvil.
Cientos de miles: yo conozco el juego de palabras y las falacias de todas sus fábulas y moralinas. Yo se que un instante de mi libertad equivale a muchos de sus domingos de confort. A mi no me asustan ni me domestican con sus historias de viejas. Me daré el lujo de mirarla a los ojos, cuando venga por mi y no seré el primero ni el último que os desafíe y triunfe.
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Esta canción debería de ser escuchada solo desde dentro de un sueño profundo. Paga tu pase de sueño o embriaguez y escucharás sin necesidad de tus sentidos.
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Etiquetas: Música
La descubrí igual pero me pareció distinta. Eso se lo debo a mi malísima memoria. Había olvidado su voz. Su mirada estaba amable. Llevaba un collar grueso celeste de cuentas circulares y al bajar del bus ya se había quitado la chaqueta y se había quedado en su blusa blanca de mangas largas.
Es delgadísima esta mujer. Eran las ocho de la noche. La miré cruzar la calle, la miré detenerse en la línea blanca mientras pasaban los autos. Yo no me apresuraba, sabía que en la parada de autobuses la alcanzaría y entonces hablaríamos un rato.
Le tengo reservado un cuento a esta chera. La conocí en el bus que nos trae a Santa Ana. Ella siempre venía en el último bus, yo lo abordaba en la Ceiba de Guadalupe. Un día nos hablamos, nos caímos bien y como solíamos encontrárnos pues nos hicimos amigos.
Regresábamos tarde de la capital. Lo que tengo que decir es que compartíamos esa emoción, ese temor de viajar tan de noche. Con desconocidos y con el riesgo de que el bus tuviera algún desperfecto mecánico y se quedara varado en la carretera. Pasa y ya me ha pasado.
Creo que ella se sentía protegida con mi presencia. Le dejaba el lado de la ventana y a veces ella se dormía. En uno de esos viajes entendí por fin una frase en inglés cuyo significado no literal había estado buscando hace mucho tiempo. Ella es maestra de inglés pero no ejerce como docente. Es que la vida da vueltas y uno nunca sabe lo que le dará.
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